Amando y Siendo Amados

Cuando pronunciamos la palabra AMOR la mayoría de la gente da por hecho que estamos hablando del amor en pareja. Ese amor apasionado que roza el empalagamiento al que nos tienen acostumbrados algunos cineastas y los denominados “autores de novela rosa”.

De niños a todos nos contaron los mismos cuentos de príncipes azules y princesas tan preciosas como indefensas a las que siempre había que salvar de algún peligro. Más tarde también nos explicaron el mito de la media naranja y nos fueron inculcando poco a poco a niños y a niñas una idea del amor seguramente demasiado distorsionada que, ya de adolescentes y adultos, nos ha llevado a cometer diferentes errores que se podrían haber evitado si nos hubiesen enseñado desde el principio la realidad que prefirieron ocultarnos bajo tantos cuentos, con el único propósito de no herirnos. Nuestros padres no sospechaban entonces que la capacidad de recuperación de un niño es infinitamente superior a la de un adulto y que las creencias que se asientan en los primeros años de nuestra vida acaban condicionando toda nuestra vida futura.

Ancladas en esas creencias distorsionadas del amor, muchas mujeres se han pasado toda su vida esperando al príncipe azul o soñando con vivir un romance tan apasionado como los que muestra Hollywood en muchas de sus películas. Y otros tantos hombres habrán hecho lo propio esperando encontrar a la princesa ideal.
No se dan cuenta de que el amor es mucho más que ese estado de enajenación mental transitorio que nos ciega mientras estamos conociendo a nuestra pareja. Un apasionamiento que tiene fecha de caducidad porque nadie podría soportar sus efectos a largo plazo sin morir de un infarto o perder completamente el juicio, como la historia nos cuenta que le ocurrió a Juana La Loca.

La literatura, a lo largo de las distintas épocas históricas, nos ha legado un montón de obras que narran los amores atormentados de diferentes personajes que han cobrado tanta relevancia que hoy en día todo el mundo ha oído hablar de ellos, aunque no hayan existido nunca. 

Romeo y Julieta, Don Juan Tenorio y Doña Inés, Tristán e Isolda o el Caballero de Lancelot y Ginebra, serían algunos de ellos.


Esa misma literatura, también nos ha mostrado otras clases de amor que nada tienen que ver con la pasión y sí en cambio con el amor platónico. Encontramos una prueba de ello en Don Quijote y sus sentimientos hacia la bella Dulcinea, que es tan producto de su imaginación como los gigantes que ve cuando lo que en realidad tiene delante son molinos de viento.

Khalil Gibran, en su obra, “Las cartas de amor del profeta”, también relata ese mismo amor platónico. 

¿Se puede amar a quien nunca se ha visto o a quien desconoce ser amado o amada?

¿Puede alguien enamorarse a primera vista sin que la persona objeto de ese amor le haya dado motivos para ello?

Las respuestas a ambas preguntas son afirmativas, porque en la aritmética del amor juegan más factores de los que a priori somos capaces de reconocer y muchos de ellos operan en nuestra propia mente. Esos factores han derivado de todo lo aprendido en el seno de nuestras familias, de las creencias inculcadas, de los principios que nos han transmitido en casa y en la escuela y de todo lo que hemos sido capaces de procesar y de interpretar de todo ello. Eso hace que confundamos el amor con la idea que nos hemos formado de él. A menudo nos enamoramos de la idea que nos hacemos de cómo es la otra persona y no de cómo es ella en realidad.

Pascal dijo aquello de: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”. De ahí que muchos hagan suya la sentencia de que “el amor es ciego” cuando no pueden comprender la relación que une a dos personas concretas.

Desde los campos de la psiquiatría y de la psicología, muchos autores han intentado aportar su grano de arena en un intento de desvelar la dinámica del amor. El porqué de la atracción, del sacrificio, de la sumisión, de la infidelidad, de los celos, del maltrato o de la adicción a una determinada persona.

Entre esos autores podemos encontrar a Erich Fromm, uno de los discípulos rebeldes de Freud. Con su obra “El arte de amar” nos regala una serie de recomendaciones muy a tener en cuenta a la hora de cuidar una relación, que pasan inevitablemente por conocerse y quererse primero uno mismo, porque quien no se ama, es incapaz de amar a nadie más. En el prefacio de su obra advierte a sus lectores de que el libro les puede llegar a defraudar si lo que esperan de él son recetas fáciles del arte de amar, porque el amor siempre es complicado. A continuación recoge esta cita:

Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor... Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas.
                                                                                                                                                                                                                                            PARACELSO

Jorge Bucay, un autor bastante más contemporáneo, también ha analizado en sus obras el amor. En su novela “Amarse con los ojos abiertos” da vida a unos personajes que se conocen a través de un e-mail que uno de ellos le ha enviado al otro por error. A partir de ahí se empieza a tejer una historia entre ellos y sus respectivos conflictos interiores que deriva en una serie de conclusiones harto interesantes sobre el amor.

Bucay defiende la idea de que AMAR es ayudarle a otra persona a que sea quien realmente es, independientemente de que después esa persona nos acepte en su vida o no.

En los años 90, el psicólogo Robert Sternberg elaboró una teoría sobre el amor partiendo de los principios de la terapia narrativa. En su obra “El amor es como una historia. Una nueva teoría de las relaciones” (1998) aventura la idea de que las personas tendemos a enamorarnos de otras personas cuyas historias nos parecen semejantes a las nuestras, pero en las que se dan diferencias que podrían complementar nuestras propias historias. Este hecho recuerda un poco al mito de la media naranja y concuerda también con las muchas ocasiones en que oímos afirmar a alguien que su pareja “le complementa” o le ayuda a mantenerse con los pies en la tierra, o le equilibra. Como si las personas no pudiésemos sentirnos completas por nosotras mismas.

Sternberg considera que el amor se nutre de 3 componentes básicos: la Intimidad, la Pasión y el Compromiso. En su forma pura, estos componentes forman los vértices de un triángulo equilátero. Su combinación da lugar a cuatro formas distintas de amor.


La Intimidad se refiere a la cercanía, la unión y el afecto hacia el otro, sin necesidad de que tengan que darse la pasión y el compromiso. Se desarrolla gradualmente conforme avanza la relación y puede crecer indefinidamente.

La Pasión coincide con el amor a primera vista y supone un estado de excitación mental y física que puede derivar en obsesión por la otra persona. Es muy intensa al principio de la relación y decrece de forma vertiginosa a medida que la historia va avanzando, llegando a estabilizarse en niveles moderados.

El Compromiso implica decidir que uno ama a la otra persona, independientemente de que haya también intimidad y pasión con ella.

De la combinación de estos factores, podemos encontrar las siguientes clases de amor:

AMOR ROMANTICO- Se da cuando los amantes se atraen física y emocionalmente, pero ese sentimiento de unión y compenetración no va acompañado de compromiso.

AMOR FATUO-  La pasión cristaliza enseguida en compromiso, sin dar tiempo a que surja la intimidad.

AMOR COMPAÑERO-  Aquí los componentes de intimidad y compromiso aparecen unidos, pero la pasión estaría ausente.

AMOR COMPLETO- Difícil de alcanzar y de mantener, en esta forma de amor se conjugarían los tres componentes de intimidad, pasión y compromiso. Sería el amor ideal al que todos aspiramos, a veces sin ser conscientes de que el amor no es algo que se encuentre, sino algo que se ha de construir constantemente.


Partiendo de la interacción de los tres componentes del amor y de su experiencia clínica en terapia de pareja, Sternberg describe la siguiente clasificación de las diferentes historias de amor que se pueden establecer en una pareja:

HISTORIAS ASIMETRICAS en las que la asimetría constituye la base de la relación:

Profesor- estudiante:  Uno de los miembros de la pareja enseña y el otro aprende.

Sacrificio:  Uno se sacrifica para que el otro viva mejor.

Gobierno:  El ejercicio del poder es el que impera en la pareja, ya sea de modo autoritario, democrático o anárquico. 

Policíaca:  Uno juega el rol de policía y el otro el de sospechoso. Una historia de todo o nada.

Pornográfica:  Uno hace de objeto y otro de sujeto. Acaba denigrando a la pareja.

Terror:  Uno es la víctima y el otro quien la aterroriza.

HISTORIAS OBJETO en las que la persona o la relación son valorados por su función como objetos y no por sí mismos:

Personas como objeto
-          Ciencia ficción:  Persona valorada por su extraño carácter o    conducta.
-          Colección:  Persona considerada parte de una colección de    parejas en la que cada una tiene un papel distinto.
-          Arte:  Persona valorada por su apariencia física.
Relación como objeto   
-      Casa y hogar: Relación cuyo único objetivo es la de            conseguir una casa y un ambiente hogareño.
-     Recuperación:  Relación utilizada para recuperarse una de  las dos personas de un determinado trauma.
-       Religiosa: Aquí el fin es sentirse más cerca de Dios, o bien la  propia relación se convierte en una especie de religión (sin  una relación, muchas personas se sienten perdidas).
-   Juego:  La relación se utiliza para sentirse vencedores,  cayendo en una competición constante.

HISTORIAS DE COORDINACIÓN en las que sus miembros trabajan para crear, hacer o mantener algo:

Viajera- El amor es entendido como un viaje y ambos miembros de la pareja trabajan unidos para elegir su camino y llegar a un destino común. La relación se entiende como un proceso sujeto a cambios, maduración y descubrimiento constante.

Coser y tejer- Ambos miembros de la pareja se esfuerzan por componer la base de la relación conjuntamente, defendiendo que su amor será lo que ellos quieran crear, al margen de los convencionalismos.

Jardín- Se pone énfasis en los cuidados de la relación cual jardín que hay que regar, abonar o mantener libre de malas hierbas (malas influencias).

Negocios- La relación se vive como una empresa y sus miembros se reparten las funciones con el objeto de optimizar sus recursos y hacerla lo más rentable posible.

Adicción- En este caso la relación se da en un contexto de dependencia extrema del otro. El clásico: “no puedo vivir sin ti, pero contigo tampoco”.

HISTORIAS NARRATIVAS en las que existe una norma que les indica a los miembros de la pareja el camino a seguir:

Fantástica- Se creen la pareja ideal, como en los cuentos de los príncipes y las princesas, y viven su relación como si lo fueran.

Histórica- Definen el presente por el pasado, conservando objetos, fotografías, celebrando cada aniversario de cualquier momento de sus vidas en común.

Científica- Se realiza un análisis lógico y racional de la relación, regida ésta por principios y fórmulas que recuerdan a un compuesto químico.

Libro de Cocina- Se da por hecho que existe una receta para que la relación funcione y se tienen en cuenta sus ingredientes y sus pautas de actuación en cada situación.

HISTORIAS DE GENERO en las que lo que importa es la forma de ser en la relación y no tanto el contenido de la misma:

Bélica- Relaciones en las que sus miembros siempre parecen estar en guerra porque no dejan de discutir. La pelea es como un aliciente y lo que menos importa es el motivo que la desencadena.

Teatral- Lo importante es que cada uno desempeñe un papel, no importa cuál sea.

Humor- Una relación basada en la superficialidad, en la que sólo parece valorarse que sus miembros se sientan alegres, se muestren desenfadados y la seriedad brille por su ausencia.

Misteriosa- Uno de los miembros de la pareja oculta constantemente información al otro, que no deja de interesarse por desentrañar el misterio.


Vistos todos estos ejemplos de relaciones de amor y teniendo en cuenta la experiencia personal de cada uno, podríamos pensar que sabemos bastante del amor. 

Pero lo que vemos y oímos cada día a nuestro alrededor y en los informativos, cuando relatan nuevos episodios de violencia de género o de adolescentes amenazadas por sus parejas vía whatsapp por un ataque enfermizo de celos o por no aceptar una ruptura de la relación, podemos concluir que nos queda un mundo por aprender acerca del AMOR.
Un amor que no tiene nada que ver con el que nos han estado vendiendo desde que tenemos uso de razón. Un amor que respete al otro, que no trate de anularle, que no le vea como un objeto de su única propiedad, que no le intimide, que no insista en recortarle las alas y que entienda que la libertad de cada uno termina justamente donde empieza la libertad del otro.

El verdadero AMOR no tiene por qué doler ni tiene por qué implicar sacrificios para ningún miembro de la pareja;  tampoco invadir su espacio, porque hasta las plantas necesitan el suyo para crecer y desarrollarse del modo más óptimo. Los miembros de una pareja necesitan respirar para oxigenarse, para desconectar, cargar las pilas y poder afrontar con nuevas ilusiones y fuerzas renovadas los episodios que estén por venir en su relación.

El amor no es algo que se consigue de la otra persona, sino algo que se ha de construir día a día, batallando con los propios fantasmas interiores y aprendiendo del otro. De sus caídas y de sus aciertos, de sus días de sol y de sus tormentas, pero sobre todo de nuestras propias reacciones, a veces desproporcionadas, otras veces más comedidas de lo que nos hubiera gustado, pero siempre imprevisibles. Porque los humanos acostumbramos a sorprendernos constantemente a nosotros mismos y también a los demás.

Como escribió con mucho acierto Khalil Gibran “Si amas a alguien, déjalo libre. Si regresa es tuyo, si no nunca lo fue”.


Estrella Pisa
Psicóloga col. 13749

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